Tiembla el tiempo
bajo las hojas secas,
que el otoño volcó
al pie de mi ventana,
mudo momento
en que nace la pausa
en que atreverme
a pensarte
SERÁ DE NUEVO
MI FIN
La noche de mis soledades
muriendo siempre secreta
en la única huella de amor que tuve.
La única huella tuya,
vivirá en el papel y entre mis dedos,
hasta que llegue otro invierno
en el que suspirar sin llantos.
Mujer y hombre de aire,
que fueron su sueño un día.
Tiemblo y siento cual lamento…
de haberte perdido en el tiempo de dos mares
que siempre nos separaban.
Verte naufrago fue mi castigo,
y sentir mi miedo anclado
para navegar más
en busca de lo que fui contigo.
Desnudo fuiste de mi vida,
bendito fuego en mis entrañas,
Miel y Sal,
esclavo de mi amar con ojos entre abiertos…
Malditos cuentos imposibles
para un ser de sueños frágiles,
que sólo y simplemente
te sigue evocando a ti.
A su espejo de fuego y aire
de viento y lamento al otro lado del mar.
Una y mil veces,
te sigo buscando:
en las pieles que rozan mis nuevos amaneceres,
en los besos mudos de otros labios,
en las bocas que me llevan hacia ningún lugar…
Teniéndote aún sin tu permiso,
reviviendo en la ternura
que deja frente a mí el cansino paso del destino,
vestido cada vez con una nueva máscara.
Aún a sabiendas:
de que eras tú,
aquel que todo lo imposible en mi borraba.
La plenitud de un Dios cautivo
en los placeres entregados a nuestro fuego manso
enardeciendo sin conocer las pausas,
mil auroras prendidas en el alma.
Una palabra solamente dime:
y seré por siempre tuya…
por siempre también frente a tus dudas.
Te habitaré en el tiempo de los azules cielos
y en el silencio de las amapolas bravas
Y cuando llegue el invierno,
me vestiré de malva
para no dejar de cautivarte nunca.
Te besaré despacio y sin miedos
saciando tu hambre de mi piel en cada aurora,
me miraré en tus ojos sin temor a nada
y nada será imposible si es que regresas tú…
Amarre de mi caminar en alas de una vida
en la que valga la pena amar sólo al viento,
aún sabiendo que el viento siempre huye.
A fuego y aire,
A miel y piel de vellos erizados,
A amor y deseo escrito
en la soledad más dulce del alma.
Te entregaré las fuerzas de sentirme más aún
de lo que fueras capaz de hacerlo en nuestros tiempos de gloria.
Fue tu caricia mi destino,
tus besos: mi paz y mi cordura
Tu carne con mi carne: el despertar.
Fuiste tú,
El único Tú de verdad
Y el único Tú que puedo recordar,
tras el pobre sabor en la memoria
de besos furtivos y a mi antojo domados,
de las noches de lunas redondas y claras
de los motivos INFINITOS
en los que yo te dibujaba en otros rostros
mientras el tuyo siempre regresaba.
Dios mío…
Dios maestro del único verso
en el que se bañan los mares de las lágrimas,
Dios de la última playa
en la que me bañaré sólo contigo…
VEN,
enséñame a amarte
una vez más…
Ahora o nunca,
Y para siempre.
América… lo sé,
está muy lejos,
más yo sigo
muy cerca de tu sol.

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