Tengo ya casi 6 años. Mis hermanos Juan y Manuel, son un poco más grandes que yo.
Ellos lustran zapatos en la calle y lo hacen muy bien. Pero a mí aún no me sale y no me dejan que pruebe porque dicen que soy muy chica para que me salga bien.
A veces me dejan sola y luego antes de que se haga de noche me vienen a buscar y nos vamos los tres juntos para casa.
Mi papá llega muy tarde y muchas veces se enfada con nosotros porque dice que ganamos muy poquita plata. Entonces nos grita y mamá le dice que sea bueno y que no nos riña tanto porque algún día hemos tenido mucha suerte y hemos llevado más plata a casa que él. Entonces mi papá le pega y ella nos manda a la cama y Miguel, que es el más chico, se pone a llorar y no me deja dormir. Yo me levanto y lo cargo en brazos para que se calle y se quede tranquilito y se duerma conmigo.
Hoy nos hemos levantado muy temprano, Juan y Manuel se han ido por un lado y yo he estado andando todo el día solita. A veces canto canciones y me dan alguna moneda. Otros días no se me ocurre que hacer y me siento delante de un sitio donde van a comer siempre los turistas.
Esta tarde había una mujer que me miraba todo el rato y me ha traído un plato de sopa de arroz con pollo. Luego se ha marchado con su familia y yo me he comido un poquito porque estaba caliente y muy sabroso. Pero si esa señora tan buena en vez de la comida me hubiese dado solamente un dólar, mi papa estaría más contento conmigo esta noche.
Aún no sé como les habrá ido hoy el día a Juan y Manuel. Seguro que cuando yo cumpla 6 años me dejaran ir con ellos y me enseñarán a dar bien el lustre y entonces lo haré muy bien.
Tengo sueño y ya no tengo más ganas de caminar. Me voy a quedar aquí esperándolos.
O tal vez sea un don, o el no querer afrontar la realidad cuando sé, que ahora ya no duermo, desnuda, a contra piel contigo.
… Pero todo es tan de verdad, que se parece a lo mismo que hemos sido. A lo mejor de nosotros que tuvimos y al estar despertando el uno frente al otro, sin rubor, ni tapujos, ni distancia. Alguna vez, puedo sentir nuestra voz, o mi risa traviesa recorriendo tu espalda, o tus manos jugando a ponerme mil trabas, o tus manos en ascuas reviviendo mi sed.
Quiero recordar cada palabra, cada una de las cosas que me dices que no olvide, pero sobre todo y ante todo, quiero recordar cuando sonríes y levantas firme el dedo y dices que me quieres más de lo que nunca he sabido averiguar. (Y eso es lo que no sé si me gusta de ti, que me quieras de una forma que no sepa averiguar...)
No te engaño, todo es un poco distinto y aunque parezca real, se nos mueve y nos mece en una niebla suave e incorpórea. Y si estamos desnudos, se me pierde tu olor tras esa niebla y aunque yo quiera pensar que no es posible, lo es. Me acerco, te miro, te respiro, inhalo en cada hueco de tu piel y mi memoria olfativa me dicta “que eres tan sólo un dulce y vano engaño de ti mismo y que te viva y me viva o que te deje escapar”
Entonces empiezo a darme cuenta: la ilusión se va desvaneciendo, el más hábil de mis sentidos la ha tocado y casi hundido y aunque vaya a quedarme junto a ti lo que me reste de tiempo, mientras la luz del día no te prohíba o delate el vacío entre mis dedos: empiezo a descubrir que eres, que estamos siendo sólo sueño, que te miro desde él y no es tu piel, ni son tus manos, ni tus ojos café, llevándome a ese no sé qué vuelca la vida en tus pupilas, que me engancha, me cautiva y me hace ser de fuego cuando te miras en mí.
Y amor; me besas y te beso, por todo el cuerpo, para que siga creyendo en ti mi sueño.
Sólo el último beso no puede llegar a parecerse al que nos dimos, al de la última noche retando al minutero, los dos en duermevela. O al beso del no puedo, al del antes y el después, al de la espera allí en el aeropuerto, o al del adiós y al de cuánto tiempo faltará, para bebernos hasta el alma en el próximo beso.
La luz voraz de la mañana, no deja tramas ni rincones oscuros donde ocultar las lágrimas. Las lavas delante del espejo, las tragas o las dejas que brillen tras tus ojos.
Simplemente no estás y no puedo hacer nada contra eso, sólo sentir, que en días como estos que amanecen desiertos de todo, yo tampoco estoy, porque he emprendido el vuelo tras mi sueño.
Una vez ya te lo dije; ser soñador tiene su precio. Se paga cada día al despertar.
Y tú, despiertas en mí ese don que hoy te nombro, ese don que aún no conozco muy bien, pero que me hace ser mujer consciente y estar viva, más allá de la piel o de mí misma o de la realidad que me traiga la aurora _y tan dormida e inconsciente como sigo contigo cuando te llevo en mis sueños_ me hace darme cuenta de lo cierto, sostenerme con la fuerza y la firmeza de este amor, que es del aire y del verbo y de todo lo nuestro, que es capaz de traerte a mis noches y lograr que seas una réplica “casi” perfecta de ti mismo (aunque me falte tu olor), mientras te vivo y en mi sueño dormido: estás desnudo en mis brazos…
Y estás, también amor, cuando despierto y mientras has de llegar aún a casa y la distancia se hará nada entre nosotros y tendré que liberarme de toda el ansia y todo el tiempo que he tenido que soñarte y quedarme perdida en el aire, despertando sin ti, pero con tu amor vivo en los labios.
Dos horas de programa para disfrutar con la presencia de poetas, escritores, cuentistas y música.
Invitados: Anabel Consejo, Payaso Manchego, Eli, Anna Calero, José Naveiras, Montse Alimón, R.M.D. Mayde Molina, El tejedor de sueños, Nuria Possa, Zingara Poeta, Marçal Font, Mari Cruz Nevot, y Paco López.
Breve incursión por el mundo de Internet, los blogs literarios, revistas, sugerencias, grupos y colectivos poéticos y la música que durante esta temporada nos ha acompañado como poe-music: DeOscar, Kibor, Pere Vilanova, Mon Feijóo, Alfredo y Emilio, Soviets….
Nueve meses de programación que cierran la temporada con una noche cargada de sorpresas musicales y literarias.
en tu distancia, no tener que partir jamás sin calma. No sentir que va al aire nuestro amor sin ropaje.
Quisiera llevar mi pensamiento camino de algún sueño que no pierda el Nosotros. Anochecerme en silencio y mirarte a los ojos. Sentir, que todo es sencillo que el llanto tiene su pretérito. Que no se pacta la ternura ni el tiempo dentro del abrazo. Que la piel no es frontera, ni la boca batalla, ni la mente otra duda que me queda. Que los días son, serán y nosotros con ellos. Que no regresará aquel ego que dejó rotos los besos.
Quisiera, ninguna palabra. Amar sólo la pausa, el silencio de tus labios.